Estudio Controlado de un desastre tecnológico
 Repercusiones Psicosociales del Estrés Postraumático

Adolfo Jarne Esparcia

Joan Guàrdia Olmos

Teresita J. Villaseñor Cabrera

Francisco José Gutiérrez Rodríguez

José de Jesús Gutiérrez Rodríguez

Departament de Personalitat, Avaluación Tractaments Psicològics Universitat de Barcelona

Departament de Metodologia de les Ciències del Comportament Universitat de Barcelona

Depto. de Neurociencias

Depto de Clínicas de Salud Mental

Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara México.

 

 Resumen

 Abstract
 En esta investigación se ha pretendido estudiar la respuesta psicológica de los sujetos que fueron testigos de las explosiones de gasolina en la ciudad de Guadalajara (México) el 22 de Abril de 1992. Con objeto de obtener tal evaluación se seleccionó una muestra de
damnificados y un grupo control equivalente para la exploración de los niveles de respuesta depresiva y de la presencia de síndrome de estrés post-traumático. Los resultados obtenidos muestran una tendencia a la respuesta depresiva de los damnificados y una escasa presencia del efecto de estrés post-traumático.
 This research project aims to study the psychological response of subjects who witnessed the gasoline explosions in the city of Guadalajara, Mexico, on April 22, 1992. A sample of victims and a control group were selected for the exploration of levels of depressive response and of the presence of the post-traumatic stress syndrome. The results demonstrate a tendency towards depressive response among the victims and a limited presence of post-traumatic stress.

INTRODUCCIÓN
Los desastres constituyen una de las fuentes más importantes de estrés con las que puede enfrentarse el ser humano. Los efectos de los desastres no se limitan al hecho inmediato de la pérdida de vidas humanas y bienes materiales, sino que supone en la mayoría de las ocasiones una desorganización total de la vida de las víctimas que, probablemente, se verá parcial o totalmente alterada de forma importante durante mucho tiempo después del desastre. El ser humano tiende por naturaleza a controlar su ambiente, y más cuando éste se ha visto seria y bruscamente afectado por alguna circunstancia imprevista.

De ahí que el obtener y acumular datos y enseñanzas de los desastres pasados sea posiblemente una de las formas más efectivas de poder combatir los efectos de los futuros eventos negativos y, quizás ello también justifique la gran atención prestada en las últimas décadas al estudio de los diversos aspectos relacionados con este tema. Existen varias definiciones de desastre, Lechat (1) por ejemplo, lo conceptualizaba como "una ruptura de la ecología humana que afecta a la comunidad y que no puede ser afrontada por ésta con sus solos recursos". Quarantelli (2), lo definía como "una situación de crisis en la que las demandas exceden a los recursos".

Como puede observarse ambas resaltan los elementos de intensidad del suceso (crisis, ruptura) y el desbordamiento de los recursos habituales de la sociedad para hacer frente a los problemas que se generan. A pesar de que se diferencia entre desastres naturales y con influencia humana o tecnológicos (3), parece que ambos comparten las suficientes características como para que en ocasiones se hable de "desastres" en sentido genérico. Uno de los aspectos más estudiados de los desastres es la respuesta
psicológica frente a tales acontecimientos, dado que una parte importante de la capacidad de esa respuesta de la sociedad frente al mismo, radicará necesariamente en la repercusión del desastre sobre la integridad mental de las personas afectadas y sus
posibilidades de recuperación.

En términos generales existen dos grandes tipos de estudios en esta temática: Aquellos que abordan la epidemiología, tipo y factores asociados a la respuesta psicológica al desastre, y los que estudian factores psicosociales asociados a la respuesta psicológica y/o a los procesos de recuperación y afrontamiento, como son los cognitivos del tipo del estilo atribuible, "locus of control", estrategias de afrontamiento, redes de apoyo psicosocial, etc.

Nosotros presentamos aquí un trabajo relacionado con las explosiones de gasolina acaecidas en la ciudad de Guadalajara (México), en 1992. Pretendemos estudiar el tipo de respuesta psicológica de los afectados y la repercusión sobre su salud mental. Las consecuencias emocionales de los desastres han sido investigadas sistemáticamente en todo tipo de accidentes, tanto naturales como tecnológicos. Existe unanimidad en considerar que como efecto inmediato un porcentaje importante de los afectados presentan algún tipo de estrés psicológico, que suele ser de tipo transitorio. Algunos autores (4) ofrecen las siguientes cifras: del 70 % al 75 % se encuadran en esta categoría, del 5 al 10 % desarrollan serios trastornos psicopatológicos que tienden a
permanecer en el tiempo, como por ejemplo reacciones psicóticas y del 10 % al 15 %, no presentan ningún tipo de trastorno, ni siquiera inmediato.

Es importante diferenciar entre la respuesta a corto término, que implicaría un mecanismo de adaptación inmediato a los efectos del desastre y que aunque contenga elementos psicopatológicos, como reacciones de ansiedad o depresión puede desaparecer en un plazo de tiempo más o menos razonable, y la adaptación a largo término en la que la permanencia de
reacciones emocionales puede implicar una auténtica situación desadaptativa para el sujeto. Es difícil trazar la línea temporal divisoria entre ambos tipos de respuestas. La forma de variantes psicológicas en las que generalmente se enmarca la reacción psicológica son los modelos de respuesta al estrés, y en este punto existe una gran unanimidad en el tipo de respuestas más frecuentes: reacciones de ansiedad y entre ellas las reacciones fóbicas, la depresión y la clínica característica del trastorno por estrés postraumático (PTSD).

Además de ello se sabe que frecuentemente tal estrés se expresa a través de síntomas somáticos (5). En el caso del PTSD el problema fundamental se plantea al establecer la relación causal con el desastre. No queda claro que la sola
presencia externa de un evento (en nuestro caso el desastre), sea suficiente para provocar la respuesta emocional, parece que la personalidad del sujeto, previa al evento, también juega un papel importante. Lo cual no significa que, necesariamente deba ser una personalidad anormal, simplemente puede tratarse de una mayor predisposición a experimentar algunos
acontecimientos como traumáticos y particularmente estresantes (6).

Esta vulnerabilidad se presentaría en función de estructuras emocionales y cognitivas particulares como el estilo atribuible, por ejemplo. Además de ello es probable que una cantidad importante de otros factores intervengan también en la respuesta psicológica al desastre, por ejemplo: las características individuales - el nivel educacional, el sexo, etc.- (7), o las mismas características del suceso, como su posible repetición, su potencial destructor y su intensidad, entre otros (4). También es importante considerar la objeción existente respecto a la medición de las repercusiones sobre la salud mental tras un desastre. Es difícil diferenciar la respuesta al mismo desastre, de lo que corresponde a las consecuencias del mismo, como serían la falta de trabajo, vivienda, pérdida de familiares, etc. (8).

En dos magníficos trabajos, Canino y col. (8) y Bravo y col. (9), llaman la atención sobre los diversos problemas metodológicos que pueden presentarse en la investigación de la repercusión de los desastres sobre la salud mental. Dichos autores insisten en la necesidad de tener diseños que ofrezcan un mínimo de garantías metodológicas para poder hacer una correcta interpretación de los resultados. Entre estas exigencias resalta la conveniencia de contar con grupos control que permitan comparar los datos con
poblaciones no expuestas al desastre de características similares. Así mismo es importante disponer cada vez más de un número mayor de estudios prospectivos y no sólo retrospectivos, ya que los primeros permiten comparar medidas de los mismos sujetos antes y después del desastre lo cual evidentemente es muy difícil, dado que supone disponer de un banco aceptable de datos sobre poblaciones con alto riesgo de padecer desastres. Nuestra investigación por razones obvias, es de tipo retrospectivo con grupo control.

NUESTRA INVESTIGACIÓN

En el mes de Abril de 1992 en la ciudad de Guadalajara (México) se produjeron una serie de explosiones en cadena debidas, al parecer, a acumulaciones de gasolina en las tuberías de conducción de una empresa petrolera. Las tuberías estaban emplazadas en el subsuelo de algunos barrios de esta ciudad. Como consecuencia de ello, hubo un gran número de muertos y heridos y consecuentemente una gran población de damnificados directos, si por tal se entiende a personas que perdieron su vivienda y bienes materiales, además de lugar de trabajo, etc. Los daños materiales fueron cuantiosos. Las autoridades alojaron provisionalmente a la mayoría de los damnificados en centros instalados en estadios de beisbol, en los que se intentó reproducir la estructura espacial y de organización del barrio.

En este contexto, los datos se recogieron en agosto de 1992, 4 meses después del evento. La presente investigación tiene por objetivo estudiar los efectos del desastre de las explosiones de Guadalajara sobre la salud mental de una muestra de damnificados, 4 meses después de tales sucesos, comparados con un grupo control de características similares pero que no estuvieron expuestos al desastre. Para el estudio de la respuesta psicopatológica se ha elegido la depresión y el trastorno por estrés postraumático.

METODO
Sujetos: La muestra estuvo compuesta por un total de 537 individuos, de los cuales el 65.6% eran mujeres y el
34.4% hombres. El muestreo efectuado fue de carácter accidental entre los sujetos que se vieron afectados, en diversos grados, por las explosiones y, obviamente, entre aquellos que no se vieron afectados por estos acontecimientos. En consecuencia, el grupo de damnificados constituyó el 23.8% y el grupo control supuso el 76.2%. Dado lo desequilibrado del tamaño de ambos grupos, se efectuó una extracción aleatoria de una submuestra del grupo control, obteniéndose una muestra definitiva de sujetos no afectados de N134. De esta forma, la muestra en la que se realizaron los contrastes estadísticos estuvo configurada con un total de 262 sujetos de los cuales el 51.1% fueron damnificados y un 48.9% de individuos control. Al mismo tiempo, se mantuvieron constantes los porcentajes de incidencia del resto de variables en la muestra definitiva.

Los sujetos damnificados fueron localizados preferentemente en el albergue construido con objeto de alojar a aquellas personas que, debido a las explosiones, estuvieran sin residencia en esos momentos. En base a ello, puede pensarse que el grupo de damnificados estaba afectado en un grado suficiente como para suponer una buena representatividad de los efectos psicológicos ocasionados por la tragedia vivida.

Material: Se realizó un cuestionario general en el que se incorporaron diversas preguntas tendientes a la medición de aspectos personales del sujeto, a modo de anamnésis esquemática para cada individuo evaluado. En esta parte del material, se incluyeron cuestiones dirigidas a las variables demográficas (edad, sexo, estado civil, situación laboral, tipo de trabajo, número de hijos, etc.), preguntas conectadas con el estado de salud psicológica del sujeto (existencia de tratamiento psicológico, diagnóstico, tipos de tratamiento recibido, etc.) y, por último, cuestiones vinculadas con las repercusiones que el sujeto sufrió como consecuencia de las explosiones (lesiones, lugar en el que estaba, muertes de amigos y familiares, situación personal, etc.). De forma complementaria, se administraron a cada sujeto los cuestionarios de Depresión de Beck; y, por último, el cuestionario específico IES para la evaluación de la intensidad del estrés post-traumático (10). Esta información se obtuvo a partir de los 6 meses siguientes a las explosiones.

Procedimiento: La administración del cuestionario de anamnésis y de las dos escalas citadas anteriormente, se efectuó de forma simultánea en una sola sesión, mediante la colaboración de investigadores de la Carrera de Psicología del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, de la Universidad de Guadalajara, México (Estado de Jalisco).

Análisis Estadístico: Todos los análisis estadísticos de datos se llevaron a cabo mediante el programa informático SPSS/PC+ en su versión 4.0.

RESULTADOS


La descripción exhaustiva de los resultados obtenidos en cada grupo puede observarse en la Tabla número 1, en la que se especifican los porcentajes de incidencia para cada una de las variables cualitativas registradas.

Grupo de control          
 SEXO  29.7% HOMBRE 70.3% MUJER       
ESTADO CIVIL  49.6% CASADO  41.7%S OLTERO  3.1% SEPARDO  5.5% VIUDO  
SITUACION LABORAL   97.2% ACTIVO 2.8% INCTIVO       
TIPO DE TRABAJO   14.3% PROFESION  5.9% TECNICO 15.1% COMERCIO  4.2% OPERARIO   60.5% OTROS
INGRESOS   33.7% BAJOS  58.1% MEDIOS  8.1% ALTOS    
TIPO DE VIVIENDA   56.5% PROPIA  43.5% ALQUILER      

Damnificados          
 SEXO  36.6% HOMBRE 63.4% MUJER      
ESTADO CIVIL 50.8% CASADO  36.3% SOLTERO  8.1% SEPARDO 4.8% VIUDO  
SITUACION LABORAL  62.5% ACTIVO 37.5% INCTIVO      
TIPO DE TRABAJO   3.2% PROFESION 2.4% TECNICO 15.3% COMERCIO 7.3% OPERARIO  71.8% OTROS
INGRESOS  38.0% BAJOS  47.9% MEDIOS  14.0% ALTOS    
TIPO DE VIVIENDA  33.1% PROPIA  66.9% ALQUILER      

Tabla I: Porcentajes de incidencia para cada categoría de las variables cualitativas en cada uno de los dos grupos.

De toda esta serie de variables ninguna mostró significación estadística con respecto a ambos grupos, excepto el tipo de trabajo (O2=17.1848; p<0.004) y el tipo de vivienda (O2=13.1343; p<0.0001). En el primer caso se pone de manifiesto que los sujetos del grupo control desarrollan profesiones de nivel más elevado que los sujetos del grupo de damnificados y que éstos últimos, a su vez y en general, residen en una vivienda alquilada, mientras que el primer grupo se caracteriza por una mayor proporción de viviendas propias. Con ello puede configurarse el concepto de que el grupo de damnificados es de una condición social y económica inferior a la del grupo control, lo cual no es de extrañar puesto que las explosiones tuvieron lugar en un sector de la ciudad de Guadalajara con habitantes de clase popular. Una evidencia complementaria a este propósito lo supone el haber encontrado un 70.56% de sujetos correctamente clasificados en la utilización de la regresión logística para la predicción de probabilidades de pertenencia a un grupo u otro a partir de la situación laboral y del tipo de trabajo. Ninguna otra variable de las evaluadas en la anamnésis inicial resultó estadísticamente significativa.

Por lo que se refiere al grupo de damnificados, algunos datos interesantes para describir a ese grupo son los valores que se presentan en la tabla 2.

RESIDENCIA EN EL ALBERGUE   62.1 SI 62.1 NO       
 PRESENCIÓ LA EXPLOSIÓN 53.0 SI  53.0 NO      
 QUEDO ENTERREDO  5.0 SI  5.0 NO      
 INGRESÓ EN HOSPITAL  3.4 SI  3.4 NO      
 NECESITÓ AYUDA  39.5 SI 39.5 NO       
 DAÑOS  70.5 NINGUNO  70.5 LEVES 70.5 MODERADOS  70.5 GRAVES  70.5 MUY GRAVES 
 LUGAR EN EL QUE ESTABA  70.5 CASA  70.5 CALLE  70.5 COCHE    


Tabla 2: Porcentajes de incidencia de las categorías de las variables propias del grupo de damnificados


Ninguna de las variables relacionadas con los tratamientos médicos o psicológicos recibidos y sus diversos tipos resultaron significativas, de tal forma que en este nivel no puede pensarse en comportamientos diferenciales entre los grupos. Por otro lado se registraron algunas variables de carácter cuantitativo con objeto de completar la información de cada sujeto. En las tablas números 3 y 4 pueden observarse las medias respectivas, para cada grupo de sujetos.

  MEDIA DAMNIFICADOS  MEDIA CONTROL 
 EDAD  36.51 34.16 
 NUMERO DE HABITACIONES  3.94  3.57
 AÑOS DE ESCOLARIDAD  7.47  10.23
 NUMERO DE HIJOS  2.24  2.80

Tabla 3: Medias de las variables registradas en cada grupo de sujetos.

   GRUPO DAMNIFICADOS  GRUPO CONTROL
 CUESTIONARIO BECK 15.60   10.07
 COMP. COGNIT. BECK  10.64  7.26
 COMP. SOMATI BECK  6.25  3.82
 CUESTIONARIO I.E.S.  26.11 25.21 
 COMPONENTE EVITACION  13.90 14.25 
 COMPONENTE INTRUSIVO  12.12 11.59 

Tabla 4: Medias de los cuestionarios en cada grupo de sujetos.


El análisis estadístico de las variables de la tabla 3 mostró diferencias estadísticamente significativas solamente en la variable años de escolaridad (t=4.43; Puni<0.001); señalando que el grupo control posee un promedio de años de escolaridad superior al grupo de damnificados, de forma congruente con lo que se ha comentado del nivel social y cultural de los dos grupos. Por lo que se refiere a las puntuaciones de la tabla 4, en el cuestionario de Beck, se obtuvo un contraste significativo (t=2.92; Puni<0.002). El análisis indica que los sujetos del grupo control presentan valores promedio substancialmente inferiores al grupo de damnificados, es decir, los sujetos control presentan un valor medio de depresión inferior al grupo de damnificados. De este cuestionario también resultaron significativos los componentes cognitivo (t=3.12; Puni<0.001) y somático (t=3.43; Puni<0.0005). En ambos casos, como es lógico, el promedio del grupo de damnificados fue superior a la media del grupo control. Ninguna otra variable de las incorporadas en la tabla número 4 mostró diferencias significativas.

Las diferencias encontradas en el cuestionario Beck, se hacen evidentes, de forma más clara, si se tiene en cuenta que la capacidad de discriminación de esta variable para la diferenciación entre los dos grupos se situó en el 67.92% de sujetos correctamente clasificados a partir de la función canónica discriminante del Análisis Discriminante, con igual probabilidad previa de asignación a los dos grupos definidos. Además se evaluaron las relaciones existentes entre las variables de esta última tabla, para cada uno de los dos grupos. En ambos grupos se obtuvieron correlaciones estadísticamente significativas entre los dos componentes del cuestionario IES y el total de la escala, presentando los coeficientes valores superiores a 0.90 (p<0.001). En el grupo de damnificados se aplicó un análisis más específico, intentando evaluar sus características. De este modo se establecieron las categorías de intensidad de depresión según el
cuestionario de Beck, resultando la distribución siguiente en la tabla número 5:

 NORMAL  40.4%
 LEVE  17.3%
 MODERADA  11.5%
 GRAVE  30.8%

Tabla 5: Distribución de la intensidad de la depresión en el grupo de damnificados.

Un dato interesante, a raíz de la intensidad de la depresión según el cuestionario de Beck, lo constituye el hecho de que la comparación de esta distribución entre ambos grupos mostró un efecto significativo (O2=7.59; p=0.022), señalando que en el grupo de damnificados se da una cierta tendencia a los niveles más intensos de depresión. Igualmente se evaluaron, para el grupo de damnificados, las diferencias entre medias de las variables de la tabla 4, de acuerdo con las categorías de las variables de la tabla 2. De estos contrastes, la única de ellas que mostró diferencias estadísticamente significativas fue la que se
vinculó con la presencia de los sujetos damnificados en el momento de las explosiones. Estos sujetos presentan un promedio en el cuestionario de Beck (18,73) superior a aquellos sujetos que no las presenciaron (11,31) (t=2,54; Puni<0.014). Esta evidencia se puso de manifiesto igualmente en el componente cognitivo del mismo cuestionario (t=2,48; Puni<0.015), en el que los que presenciaron las explosiones también mostraron un promedio superior (12,46) a aquellos que no
estuvieron presentes (6,8). Como se ha dicho, ningun otro contraste resultó estadísticamente significativo. Se señala, para finalizar este apartado, que de acuerdo con las puntuaciones del cuestionario IES, el 12% de los sujetos del grupo de damnificados presentaban valores, en dicho cuestionario, que los calificaban como sujetos con síndrome de estrés postraumático. Además, tal distribución no mostró ninguna relación estadísticamente significativa con ninguna de las variables de la tabla 2 ó 3.

DISCUSIÓN
En esta investigación se han recogido dos tipos distintos de datos: a) datos de naturaleza epidemiológica y, b) datos en relación con la respuesta emocional y psicopatológica al desastre por parte de los afectados. En relación con los primeros, los resultados obtenidos ofrecen algunos aspectos interesantes que configuran las características de población y a los que podría calificarse como la "semiología" del desastre y que sin duda condicionarán los datos relativos a la respuesta emocional. En la muestra de damnificados por la explosión la proporción entre hombres y mujeres es de casi 1/3, con una media de edad de 36 años; igual proporción se observa entre los desempleados en relación con las personas que trabajan, las cuales, por otro lado, desempeñan mayoritariamente labores sin cualificar. Esta muestra está formada prototípicamente por mujeres jóvenes, en la tercera década de vida y con un nivel educacional bajo (7.47 de media de años de escolaridad). La mitad de ellas están casadas y tienen dos o tres hijos. Trabajan dos de cada tres en empleos poco cualificados, con unos ingresos medios o bajos y habitaban una vivienda de alquiler, aunque ahora se encuentran en un albergue público. Pensamos que es básico considerar estos datos ya que cuando se analiza la respuesta psicológica a los grandes desastres uno de los factores más importantes a tener en cuenta es el tipo de población afectada (7), y no sólo asociado a las características demográficas sino también en relación con factores más complejos como pueden ser las características antropológicas y culturales (9). Estos mismos autores llaman la atención sobre la necesidad de contar con algunas garantías metodológicas en el estudio de esta temática, entre ellas la de un grupo control. En nuestra investigación los sujetos del grupo control no difieren respecto a las variables demográficas de la muestra de damnificados pero si ocupan trabajos más calificados y poseen, en mayor numero, viviendas de su propiedad. Ambos factores son buenos indicadores de pertenencia a una clase social más alta, lo que deberá considerarse en la interpretación de los resultados.

En el momento de recoger de los datos, la mayoría de los damnificados (62,1 %), residían todavía en albergues públicos en espera de su reubicación definitiva. La mitad de los damnificados no estaba presente en el momento del desastre, ya que el concepto de afectado que hemos usado se refiere a que la persona se viera gravemente afectada en su funcionamiento diario (quedarse sin vivienda, negocio, etc.) por la explosión y no solamente estar presente en el momento de la misma. De entre los que se daba esta última circunstancia, el 70 % estaban en sus casas, aunque de hecho solamente un 5% quedó enterrado. A pesar que el 70.5 % de los sujetos que se encontraban en el barrio en el momento del accidente no sufrió daño alguno, hay que resaltar que casi un 40 % necesitó determinado tipo de ayuda, y que solamente 4 % aproximadamente, se concretó en el ingreso a un hospital. Puede concluirse que aunque la proporción de sujetos físicamente dañados fue alta (el 30 %
aproximadamente), la intensidad del daño fue baja (solo significativa para un 5 % de los damnificados) y afectó de forma grave a una escasa proporción de personas. Se ha descrito una amplia posibilidad de respuesta psicopatológica a los desastres (7). Generalmente incluye respuestas de ansiedad, depresión y trastorno por estrés postraumático, y trastornos expresados a través de
sintomatología orgánica tales como las enfermedades psicosomáticas (11) más frecuentemente somatizaciones (12) y menos frecuentemente psicosis reactivas y conductas agresivas y antisociales. En nuestra investigación han sido evaluadas de forma prospectiva y a través de la comparación con un grupo control la existencia de un estado de ánimo depresivo y de trastornos por estrés postraumático (PTSD). En relación con la depresión, seis meses después de las
explosiones, en la puntuación media del cuestionario de depresión de Beck (B.D.I.) se observa que las respuestas del grupo de damnificados es significativamente superior a la del grupo control. Se decidió evaluar de forma diferenciada los items de esta escala que consideran preferentemente sintomatología de tipo cognitivo y los que evalúan una expresión de tipo somático. En ambos
subgrupos se mantiene la diferencia significativa con puntuaciones más altas en el grupo de damnificados. Este hallazgo parece consistente ya que la capacidad de discriminación entre los dos grupos (control y damnificados) a partir de las respuestas en el BDI se estableció mediante un análisis discriminante en el 67.92%. Existen varios trabajos que estudian la respuesta psicopatológica ante desastres en un contexto social y cultural parecido al de nuestra investigación. Lima y cols. (4), estudiaron los desastres de Armero y de Ecuador; Canino y cols (8), los de Puerto Rico. En ambos casos los trastornos
emocionales de tipo depresivo estaban presentes 12 meses e inmediatamente después del desastre. En el caso de Armero (Colombia), el 45 % de los afectados presentaban trastornos emocionales y el 38 % en el caso de Ecuador. En cuanto a las
inundaciones de Puerto Rico, el 7.8 % de los sujetos expuestos y el 4.4 % de los no expuestos cumplían los criterios para el diagnóstico de distimia o de depresión mayor. En nuestro trabajo, aproximadamente el 42 % de los sujetos (los considerados con puntuación moderada y alta) se sitúan en la escala BDI lo
suficientemente alto como para poder decir que presentan un trastorno del estado del ánimo de tipo depresivo. Esta cifra es la habitual en tal tipo de situaciones (4, 13). Es evidente que está muy alejada del 7.8 % del trabajo de Canino (8), sin embargo hay que considerar que el criterio utilizado en nuestro trabajo es la puntuación basada en el criterio psicométrico, mientras que los autores antes mencionados (4,8) diagnosticaban según criterios clínicos a través de una entrevista estructurada, evaluando en
consecuencia los cuadros de depresión clínica, no las respuestas subjetivas a un cuestionario de depresión. A pesar de ello, es interesante observar como el 30.8 % de la muestra presenta puntuaciones en el BDI indicativas de depresión grave, siendo el grupo más numeroso después de los sujetos que no presentan puntuaciones anormales (el 40 %). Cuando los resultados se comparan con los de otros desastres tecnológicos (13) e incluso con los producidos intencionalmente (14), se observa similarmente la misma tendencia de los afectados a presentar trastornos depresivos entre 3 y 14 meses después del desastre. Se compararon las puntuaciones en el BDI entre los diferentes subgrupos expresados en la tabla 4 y que reflejan lo que
denominamos "la semiología del desastre". Las diferencias significativas solo se observan entre los sujetos que
estuvieron presentes en el momento de la explosión frente a los que no estuvieron presentes pero que si resultaron damnificados. Este hallazgo tiende a confirmar la idea de que la magnitud de la respuesta emocional está en proporción directa al nivel de exposición al desastre (4,8). Sorprendentemente no se encuentran diferencias de acuerdo al grado de daño recibido, si necesitó o no ayuda en el primer momento o si se hospitalizó a la persona. La
intensidad de la respuesta parece depender solamente de la exposición o no a la explosión. Sorprendentemente, las diferencias también se obtienen en los ítems cognitivos pero no en los somáticos, contradiciendo en cierta medida la idea de una alta prevalencia de trastornos somáticos entre este tipo de víctimas. Parece que en la presente muestra los sujetos más expuestos desarrollaban más síntomas
depresivos de tipo cognitivo. En la investigación no se evaluó clínicamente la presencia de Trastorno por Estrés Postraumático (PTSD), pero si se objetivó a través del
cuestionario para la evaluación de la intensidad del estrés post-traumático (Impact Event Scale, IES), de Horowitz y col. (10), que se considera como una buena medida indirecta del PTDS. No se encuentran diferencias significativas en relación con el grupo control ni en la puntuación total, ni en el análisis separado de los items que configuran el factor de intrusividad y el de evitación. Por el contrario, en este último caso las puntuaciones del grupo control son
ligeramente superiores a la de los damnificados. Sin embargo cuando se analiza la distribución de las puntuaciones, se obtiene que el 12 % de los damnificados obtenían una puntuación superior y por ello constituían un grupo de riesgo y con sospecha de padecer PSTD. Existe una amplia literatura que relaciona el PTSD con la respuesta a los desastres (7,14,15,16,17). En ella se observa una amplia coincidencia al considerar como constante la presencia de sujetos con PTSD tras los desastres, en una proporción
semejante al 12 % encontrado en nuestra investigación. Así en el trabajo de Realmuto y cols. (17), tres de 24 sujetos cumplían los criterios diagnósticos para este trastorno; en el estudio de McFarlane (15) se hallaba en el 20 % de la población, mientras que en el amplio estudio de Brooks y McKinlay (14) la muestra afectada llegaba al 44 %. Probablemente la disparidad en tales cifras se deba a que este tipo de respuesta se encuentra muy condicionada por las variables demográficas, culturales, intra-individuales y por las características del desastre. Por ejemplo, la muestra de Brooks y McKinley (14) estaba formada por víctimas de un accidente de aviación, que reclamaban la compensación del seguro, mientras que nuestra muestra estaba formada casi la mitad por damnificados que no asistieron a las explosiones. A pesar de ello nuestros datos tienden a indicar que la respuesta de PSTD no es la habitual en el tipo de desastres semejantes a éste y en el contexto cultural analizado y que además no es valorable como comportamiento de grupo, al contrario de la angustia afectiva que si parece generalizada. No obstante existe un porcentaje de la población que
probablemente constituya un grupo de alto riesgo para padecer este tipo de trastorno en una situación semejante. En nuestro trabajo ninguna de las variables demográficas o de características del desastre analizadas fueron capaces de identificar a este grupo, por lo que, se insiste, es probable que los factores determinantes sean variables intra-individuales como estilos cognitivos, rasgos de personalidad, etc.

En resumen, los resultados de esta investigación tienden a confirmar la idea de que la depresión constituye una de las formas de respuesta psicopatológica a los desastres más frecuente y persistente afectando a una cantidad importante de víctimas y que guarda una relación directa con la intensidad y magnitud de la experiencia vivida durante el desastre. Probablemente sea también duradera en el tiempo. Por el contrario nuestros datos apuntan hacia la idea de que el PTSD no se presenta como una forma de respuesta generalizada entre este tipo de población, aunque un porcentaje de ella pueda manifestar una cierta predisposición hacia este trastorno, predisposición que estaría determinada más por factores intra-individuales que sociales, demográficos o de las características del desastre.

Es muy difícil realizar un buen control en investigaciones sobre la respuesta psicológica a los desastres dada la propia naturaleza del problema, que se genera de forma imprevista y las dificultades para obtener los datos. Por ello pensamos que en esta temática, más que en otras, es preciso restringir los resultados al propio ámbito de la investigación. Nuestros resultados deben limitarse a las características de nuestra muestra formada mayoritariamente por mujeres, de clase social y educacional más baja que los sujetos del grupo control. Además de ello, es muy difícil separar la respuesta al desastre de las respuestas a las consecuencias del desastre. Una parte importante de nuestra muestra todavía vivía en albergues públicos seis meses después de las explosiones, lo que supone un elemento de alta precariedad en su vida. Es de esperar que exista una respuesta de depresión a esta situación. Todos estos aspectos deberán ser tenidos en cuenta en una investigación sobre tal problemática.

BIbliografía

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